lunes, 13 de septiembre de 2021

El hereje

"Una novela requiere, al menos,
un hombre, un paisaje, una pasión".
Miguel Delibes, El hereje (1998)
Premio Nacional de Narrativa 1999

La última novela de Miguel Delibes, autor imprescindible en la literatura española del siglo XX, puede parecer, en principio, muy distinta a su producción anterior. Sin embargo, El hereje refleja las mismas convicciones, preocupaciones y estilo que caracterizan al resto de su narrativa.
Para acompañar vuestro viaje por este extenso relato, señalamos aquí algunos puntos de interés, preguntas y fuentes de información adicional.

1. El propio Delibes identificaba cuatro elementos que estaban presentes en todas sus obras: infancia, muerte, naturaleza y prójimo. Reconocía también que sus personajes solían acabar claudicando ante la presión del entorno.
Estos son, no cabe duda, los temas centrales en El hereje, que trasciende la reconstrucción del pasado para hablar de lo que siempre le interesó o preocupó. Al tratarse de aspectos universales, nos siguen interpelando: la desigualdad social extrema y cómo abordarla desde el (entonces naciente) capitalismo, los avances del pensamiento científico y su influencia en el bienestar de la población, la intransigencia religiosa, el conflicto entre poder y saber, la necesaria renovación del catolicismo y, sobre todo, la libertad de expresión y de conciencia.

2. Como consecuencia de la relación con su padre, Cipriano Salcedo está movido por un permanente deseo de huir del frío -tan fuerte en su espíritu que se refleja en lo físico, como se menciona a lo largo de toda la novela-. Solo el fugaz encuentro con una protección que se asemeja a la maternal (Minervina, Teodomira), la pertenencia a una comunidad (el Hospital de Niños Expósitos, el conventículo de Valladolid) o, al menos parcialmente, el éxito comercial (los zamarros y ropillas aforradas) consiguen paliar esta sensación.
Cristiano convencido, el autor incluye en su retrato de la fe del protagonista un aspecto menos luminoso que la expresión de la caridad o su capacidad para cuestionar y modificar las propias creencias. Los excesivos escrúpulos, que se convierten a veces en conductas casi obsesivas, parecen reflejar tanto la forma más habitual de vivir la religión en una sociedad cerrada y opresiva como un resultado más de una infancia llena de temores.

3. ¿Se puede analizar la novela a través del papel que desempeñan las mujeres en su relación con Cipriano? ¿Qué representan Minervina Capa, la tía Gabriela, Teodomira Centeno, Leonor de Vivero y Ana Enríquez? ¿Hasta qué punto sustituyen, de manera imperfecta, a su madre, Catalina de Bustamante? ¿Cómo contrasta con la actitud que mantiene ante ellas su padre, Bernardo Salcedo?

4. La naturaleza, como en tantas otras obras de Delibes, se convierte en protagonista gracias a la observación atenta de sus ciclos y el conocimiento exhaustivo de su diversidad. Para varios personajes -Bernardo y su hijo cuando realizan viajes similares, Pedro Cazalla mientras acecha a las perdices, la sencilla vida de Teodomira en La Manga- supone un espacio de tranquilidad, un marco para el encuentro intelectual o físico e, incluso, un impulso para su evolución.

5. Quizá porque su principal intención era, como hemos señalado, reflexionar sobre temas aún vigentes, el autor solía señalar que El hereje no era una novela de género histórico, a pesar del largo proceso de documentación en el que se embarcó, que dio como resultado una perfecta mezcla entre ficción y marco cronológico -por ejemplo, los miembros del grupo de Cazalla fueron personajes reales y la descripción del auto de fe se basa en fuentes de la época-. Sirven aquí, por tanto, algunas de las reflexiones que hicimos en torno a Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. ¿Encontráis puntos en común entre ambas obras?
Más allá de la adscripción clara a un género, hay autores que han visto en la novela un deseo de recuperar la memoria histórica, al establecer un paralelismo entre la primera mitad del siglo XVI y la dictadura franquista (autoritarismo, protagonismo de la Iglesia católica en la vida política, tortura, cárcel y ejecuciones, destierro, censura, acoso a la disidencia).

6. Pese a situar la acción en un pasado lejano, el lenguaje y estilo de Delibes siguen siendo reconocibles y, sobre todo, efectivos y adecuados a lo que pretende narrar. A primera vista, observamos su fiel recuperación del habla castellana y de la oralidad, la precisión en el vocabulario sobre la vestimenta y la naturaleza (este glosario os puede ayudar).
Al mismo tiempo, nos muestra su dominio de las distintas modalidades de la narración -diálogo, descripción, argumentación, discurso narrativizado...- que, junto al uso de la ironía y lo introspectivo, se combinan e intercalan para conducir al lector a lo largo del relato.

7. La narración del auto de fe final, basada en los dos que se realizaron en Valladolid en 1559, parece establecer un paralelismo entre la pasión de Jesucristo y la muerte de Cipriano Salcedo. Otros investigadores relacionan la conducta del protagonista con las características del mito de Prometeo. Una muestra más de la hondura intelectual y ética de El hereje, resumen de una vida dedicada a la literatura y la reflexión.


domingo, 2 de mayo de 2021

Lo bello y lo triste

Yasunari Kawabata, Lo bello y lo triste (Utsukushisa to Kanashimi to, 1964)

-Porque todavía lo amas... porque no podrás dejar de amarlo mientras vivas. -La voz de Keiko se quebró-. De modo que quiero vengarte -concluyó.
Las novelas de Yasunari Kawabata suelen explorar la geometría del deseo unido a la venganza.
En Lo bello y lo triste, como en varias de sus obras más representativas (País de nieveMil grullasEl rumor de la montaña) encontramos triángulos amorosos, con personajes que se repiten o turnan en sus vértices. Del original Oki - Otoko - Fumiko surgirá el de Keiko - Oki - Taichiro; ambos modifican la relación entre Otoko y Keiko.

Al mismo tiempo, Kawabata nos propone un juego de dualidades: placer y dolor, amor y celos, homosexualidad y heterosexualidad, sinceridad y engaño, dinámica de la relación matrimonial y entre los amantes, arte figurativo y abstracto, escritura y pintura, juventud y vejez, nacimiento y muerte... Parece que, con su insistencia en la oposición o comparación entre pares, nos intentara recordar una y otra vez cómo belleza y tristeza son dos caras inseparables de la realidad.
-¡Es un arco iris! Un arco iris incoloro... simplemente líneas curvas en tinta clara y oscura. Nadie se da cuenta, pero estoy envuelta en un arco iris de verano... en un atardecer de montaña.
Keiko se volvió para que viese la parte posterior de su obi de organza de seda. En el lazo se distinguía una verde cadena montañosa y los delicados matices rosa de un ocaso.
-Las dos mitades son diferentes -prosiguió, siempre de espaldas a él-. Es un obi muy peculiar, dado que la pintora es una muchacha muy peculiar.
Siguiendo con el símil matemático, la obra está plagada de simetrías entre personajes y situaciones. Sobre todas ellas planea la pregunta -no resuelta en sus páginas y, por tanto, lanzada a quienes leemos- en torno a su grado de perfección. Keiko y Taichiro son reflejo de Otoko y Oki (y de ambas relaciones surgirá una muerte); el retrato de la madre se asemeja a un autorretrato de la artista, además de compartir ambas, quizá, otros rasgos de carácter; un cuadro representa a dos geishas que son solo una y que es copia de una fotografía; la mujer real -la pintora- y la literaria -la protagonista de Una chica de dieciséis- son la misma y, al tiempo, diferentes, etc.
¿Hasta qué punto se asemejan Oki y Taichiro, el rostro de su bebé y Otoko, las dos madres que sufrirán una pérdida? Incluso Otoko duda sobre en qué grado es -o, más bien, ha sido- similar a su joven amante Keiko.
Con ese mismo sentido de espejo encaja el diálogo sobre la permanencia de la piedra frente a la rápida desaparición del recuerdo de las personas, o el veto de Keiko sobre su seno izquierdo o derecho a padre e hijo, respectivamente. La insistencia inicial de la joven por acudir de noche al lago Biwa con Otoko prefigura el episodio final de la novela.

Adaptación cinematográfica (Masahiro Shinoda, 1965)

Complementado estas simetrías especulares, Lo bello y lo triste se construye a partir de fractales, estructuras que se repiten en distintas escalas: tenemos una novela sobre una dramática relación sentimental dentro de un relato con temática similar; cuadros basados en otros cuadros; un novelista -Kawabata, famoso por su análisis de los mecanismos del amor, el deseo y el dolor- que habla sobre otro escritor que alcanza el éxito abordando los mismos temas. Incluso la descripción de Oki se podría aplicar a su creador:
Oki, por su parte, nunca había escrito una novela "abstracta" (...) El lenguaje puede considerarse abstracto o simbólico en la medida en que difiere de la realidad cotidiana, y él había tratado de reprimir esa tendencia en sus escritos. Siempre le había gustado la poesía simbolista francesa y también la poesía haiku y medieval japonesa, pero desde sus inicios como escritor se había esforzado por conseguir un estilo concreto, realista. Sin embargo, había pensado que al profundizar esa forma de expresión sus obras podían llegar a adquirir una cualidad simbólica.

* * *

Hay, en las novelas de Kawabata, una densidad en el lenguaje y la narración que no depende de la complejidad de las oraciones o de la rápida sucesión de acontecimientos. Por el contrario, la claridad y sencillez en la construcción de las frases, el ritmo pausado de los hechos y la estructura de los capítulos -se inician con una reflexión o escena desconectada del anterior y finalizan interrumpiendo la trama en un momento significativo, con una oración reveladora- invitan a una lectura pausada y atenta a los detalles. Solo así es posible apreciar su maestría a la hora de reflejar los estados emocionales de los personajes a partir de la conciencia del entorno físico, la textura y olor de los cuerpos, los colores y la atmósfera cambiantes de la naturaleza con el paso de las estaciones.
Como sus protagonistas, que nada dejan al azar en las conversaciones y parecen esconder otros significados en todas sus palabras, Kawabata domina la denotación -el significado objetivo, la descripción precisa- y la connotación -la sugerencia de nuevos significados unidos a los sentimientos-.
Para finalizar, en Lo bello y lo triste destaca otra de los temas recurrentes en su narrativa: la crítica a la modernidad acelerada por la influencia occidental, frente al reconocimiento de lo que él percibe como la sabiduría y la belleza tradicionales de Japón.
El discurso que pronunció durante la ceremonia de los premios Nobel en 1968 refleja esa conciencia de la naturaleza y el amor por la secular cultural nipona. También hay una referencia al suicidio, que consumaría cuatro años después.

Entrevista a Yasunari Kawabata (1969)

domingo, 4 de abril de 2021

Claus y Lucas

Agota Kristof, Claus y Lucas: El gran cuaderno. La prueba. La tercera mentira (La Trilogie des jumeaux: Le grand cahier, 1986. La preuve, 1988. Le troisième mensonge, 1991)

Le contesto que trato de escribir historias verdaderas, pero que, en un momento dado, la historia se hace insoportable por su misma verdad y entonces me veo obligado a modificarla. Le digo que intento contar mi historia, pero no puedo, no tengo valor, me hace demasiado daño. Entonces lo embellezco todo y describo las cosas no como sucedieron sino como yo querría que hubieran sucedido.
Estas tres novelas -"Nunca pensé en escribir una trilogía, pero durante mucho tiempo no podía pensar en otra cosa. Tenía que continuar" (El País, 2007)- dejan un poso imborrable en quien las lee. Quizá sea por la crudeza y desesperanza de lo que relatan, su inteligente propuesta sobre la identidad y mecanismos creativos del escritor, el uso del lenguaje o cómo aborda -desde una ficción que se reclama como tal sin perder veracidad- temas muy reales: afrontar el sufrimiento, la sinrazón de la guerra, las consecuencias de la desprotección infantil o el papel de la literatura y su relación con la biografía de la autora, entre otros.
Para acompañar esta experiencia, os propongo algunas claves de una narración inagotable en sus sugerencias. Cualquier novela es construida parcialmente por el lector, pero esta historia nos interpela con más fuerza aún, nos incomoda y desasosiega, sin dejar espacio para la lectura como evasión. Aunque no se comparta la perspectiva nihilista que la sustenta o su dolorosa conciencia de los límites de la naturaleza y racionalidad humanas, incapaces de construir esperanzas, debemos reconocer que se trata de una obra clave en la literatura europea contemporánea.
Si queréis seguir descubriendo a Agota Kristof, recientemente se ha publicado Da igual, una colección de relatos breves. En esta entrevista habla del proceso creativo y recepción de la trilogía (aunque está en francés, no os preocupéis, porque la compartiremos en la reunión del club de lectura).

1. Varios personajes combinan conductas crueles y actos de generosidad. Se muestran indiferentes, insensibles e insolidarios pero, al mismo tiempo, muy afectados emocionalmente. El ejemplo más claro es el modo en que Claus y Lucas intentan, en la primera novela, insensibilizarse ante todas las amenazas externas, integrándolas como ejercicios en su rutina diaria.
Al entrar en un relato, tendemos a identificarnos con alguno de los personajes. Sin embargo, el comportamiento de estos protagonistas y secundarios nos desconcierta y dificulta sentir una simpatía (o rechazo) sin reservas -no hay héroes ni villanos "puros"-. Por otro lado, es inevitable comprender los motivos que los llevan a comportarse de esa manera, ya sean las consecuencias de la guerra o de la desprotección infantil e institucionalización.
¿Creéis que esto ha hecho más dura y difícil vuestra experiencia de lectura? ¿Es aún más fuerte esta sensación al tratarse, en muchos casos, de niños a los que se suele presentar como paradigma de la inocencia y que aquí, en algunos momentos, lo son del mal?

2. Aunque Kristof evita añadir referencias geográficas o temporales concretas, el contexto se puede relacionar fácilmente con la dinámica de las naciones del este de Europa (y, en concreto, de Hungría, su país de origen) durante y después de la II Guerra Mundial: régimen militar, ocupación y genocidio nazi, liberación y establecimiento de una dictadura tutelada por la Unión Soviética, reformas hacia una economía de mercado y apertura internacional... El presente, en su caso, tampoco parece alentador.
El terror, la inseguridad, la pobreza, la propaganda, la censura y el intento de controlar el pensamiento están presentes en la mayor parte del medio siglo que abarca la trilogía. Sin necesidad de elaborar un análisis histórico, tejiendo lo personal con lo social y político, nos introduce en los efectos e irracionalidad de la guerra y las dictaduras. Un retrato que, al disfrazarse de fábula por la ausencia de datos, resulta incluso más sugerente y efectivo.

3. La biografía de Agota Kristof está presente en todas sus obras, y aquí rescata y reelabora muchos elementos concretos: la relación con su hermano mayor; el internado en la adolescencia; un diario secreto y la pasión por la literatura; la huida de Hungría a los veintiún años -ante la posibilidad de que su marido acabase en prisión por motivos políticos- con su hija de cuatro meses, una bolsa con pañales y otra con diccionarios; su trabajo en la fábrica mientras compone poemas; el aprendizaje de un nuevo idioma; el desarraigo y la pérdida del sentimiento de pertenencia a una comunidad...
De la misma forma, hay personas, objetos y situaciones que se repiten a lo largo de las páginas, siendo diferentes y, al mismo tiempo, similares. Según el contexto en que reaparecen, amplían su significación o reafirman el sentido inicial: la anciana que acoge, el nogal en el que varios niños se columpian o balancean, la henna que tiñe los cabellos, la librería, etc.

4. Lo mismo sucede con los personajes. Más allá de la relación especular entre Claus y Lucas, hay otros que también actúan como gemelos. Sin desvelar demasiado de la trama, Mathias es el reflejo físico, intelectual y vital del narrador -que, además, se comparta a veces con él como lo hizo la abuela-, Yasmine nos recuerda a su madre, Peter y el sacerdote pueden ocupar el rol del padre ausente, Victor encarna el dolor de Lucas.
La identidad es uno de los ejes fundamentales del relato. Nos chocamos con una de sus caras cuando La prueba nos avasalla con nombres propios, hurtados al lector en El gran cuaderno, y también cuando escuchamos ¿diferentes? voces narrativas.
Para quienes conozcáis el francés, la doctora Margarita Alfaro publicó un exhaustivo análisis de estos temas en el ensayo Gémellité, dédoublement et changement de perspectives...

5. Y también es central la reflexión sobre la relación entre realidad e invención en la literatura, su función para quien escribe y el papel de quien la lee. Kristof no propone solo un juego de interpretaciones y discursos, sino que nos impulsa a cuestionar nuestra actitud ante la obra: si sabemos que se trata de una ficción, ¿por qué nos sorprende que se reconozca como tal?, ¿por qué necesitamos saber qué es cierto y qué no? En el fondo, ¿no escribirá siempre el autor para sí mismo?
La trilogía está plagada de referencias a estos temas y reconocimientos expresos de su naturaleza ficticia. ¿Cuáles os parecen más relevantes?

La adaptación cinematográfica de El gran cuaderno (János Százs, 2013)
está disponible en eFilm Navarra

domingo, 21 de marzo de 2021

El hombre de los círculos azules

Fred Vargas, El hombre de los círculos azules (L'homme aux cercles bleus, 1996)

Algunos hechos probados, deducciones e hipótesis sobre la novela (¡sin destripar el argumento!) 🕵️‍♂️:

1. Ficha policial y declaraciones
Frédérique Audoin-Rouzeau (Fred Vargas) comparte más de un rasgo con Mathilde Forestier, la oceanógrafa aficionada a seguir a personas desconocidas y al diseño de muebles extraños, eje en torno al que giran los personajes de la novela.
Arqueóloga e historiadora especializada en la Edad Media, de opiniones controvertidas o, al menos, decididamente inusuales, es considerada la gran representante contemporánea del polar francés. Recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2018, aunque no acudió a recogerlo.


2. Las claves del caso
Los relatos de Fred Vargas respetan las convenciones del género policiaco y sus elementos habituales (Martín Cerezo, 2006) -crimen, motivos, víctima, modo, criminal, sospechosos, detective, investigación-, al tiempo que introducen variantes que lo actualizan y muestran nuevos caminos para narrar este tipo de historias. Así, por ejemplo:
  • La pareja de investigadores Adamsberg - Danglard, de características diferentes, en la que uno de ellos va por detrás del principal y, por tanto, permite al lector identificarse con su perplejidad y desorientación. Sin embargo, aquí el detective adjunto Adrien Danglard no es un mero comparsa, sino un hombre culto, inteligente y racional, con una personalidad tan compleja como la del comisario (como demostración de su importancia, la autora ha confesado que para crearlo se inspiró en su padre alcohólico, un escritor surrealista de "demente erudición").
  • Los policías asignados a la comisaría del V distrito de París, un equipo con caracteres tan diversos como marcados (en novelas posteriores serán otros los que acompañen de manera recurrente al protagonista).
  • El detective Jean-Baptiste Adamsberg, un hombre vulnerable, atractivo y desaliñado, de conducta a veces incomprensible, con una compleja y no especialmente feliz vida amorosa. El elemento diferencial respecto a la gran mayoría de protagonistas del género está en que su brillantez procede, sobre todo, de su intuición e inspiración y no de la inteligencia lógica y deductiva (aunque nos puede recordar a clásicos como el padre Brown o Maigret).
  • Las pistas se presentan a lo largo de las páginas de tal manera que permiten a los lectores adelantarse en la resolución del misterio y encajar las piezas antes de la explicación final (por cierto, ¿lo habéis conseguido?). Aquí hay una dificultad añadida: como Danglard (a semejanza de todos los acompañantes de Poirot, el detective creado por Agatha Christie), tendemos a fijarnos en la conducta de Adamsberg para dilucidar si tiene sentido o no, lo que nos distrae de los hechos. ¡Bien jugado, Fred!
  • Vargas no necesita recrearse en los episodios de violencia para mostrarnos el efecto pernicioso de esta manifestación del mal y la crueldad humanas. Demasiado acostumbrados al uso de la muerte como espectáculo y reclamo, es de agradecer que los personajes reaccionen con horror ante los cadáveres.
  • Fuera de la ficción, la autora ha mostrado un claro posicionamiento político y preocupación social. Sin embargo, en El hombre de los círculos azules evita un recurso muy habitual en las actuales novelas de género negro que copian la fórmula anglosajona: introducir, a veces de manera forzada, la descripción de una problemática habitualmente "de moda" en el discurso público... y convertirlo, por tanto, en un recurso publicitario más. En su lugar, hay una exploración de la naturaleza humana que va más allá de la anécdota comercial.
Jean-Hugues Anglade y Charlotte Rampling
en la adaptación para tv (Josée Dayan, 2009)
Esta reflexión es posible, precisamente, gracias a un uso particular y muy característico del lenguaje. Sus frases son funcionales, breves, pero los diálogos no pretenden ser realistas, en el sentido de reflejar la forma de hablar o las reacciones de los personajes. Algo que le achacan las críticas negativas, sin entender que Fred Vargas juega a otra cosa.
La trayectoria de la investigación de los detectives se ve desviada por el tratamiento de las palabras (...), hasta el punto de plantear (...) una revisión de los personajes de la novela policiaca (...). En el ciclo de Adamsberg, aún abierto (...), la observación de estos juegos lingüísticos muestra hasta qué punto los giros en las líneas narrativas reconfiguran el eje central de estas novelas y, por tanto, su género.
3. Sospechosos habituales y otros informantes
Marina López Martínez ha publicado dos ensayos breves (disponibles en francés) que aborda el papel diferencial de la autora gala en la novela policiaca de su país: Plaisir des mots et polars au féminin (2017) y La ville de pierre de Fred Vargas (2019).
Para un acercamiento más general a la naturaleza y estructura del relato detectivesco, os recomiendo el ensayo Poética del relato policiaco (Iván Martín Cerezo, 2006) y la recopilación Detectives y métodos en la novela policial (vv.aa., 2019).
Cualquier lista de autoras y autores del género estará inevitablemente incompleta. Si nos limitemos a la actualidad más cercana y al norte del Mediterráneo, cabe destacar, entre muchos más, a Juan Madrid, Alicia Giménez Bartlett, Rosa Ribas, Andrea Camilleri, Donna Leon o Petros Márkaris.
¿Leéis habitualmente novelas policiacas? ¿Por qué os atraen? ¿Cuáles son vuestras preferidas? ¿Os parece original la propuesta literaria que hace Fred Vargas?

4. Fred Vargas y las pandemias
En 2006, a raíz de la gripe aviar, la autora compartió su preocupación por una posible pandemia y sus efectos sociales. En ese momento, pocas personas parecieron tomarla en serio, aunque su propuesta de equipo de protección sí tuvo eco en algunos ámbitos sanitarios... En 2021, desde luego, su punto de vista no nos resulta tan descabellado.

martes, 23 de febrero de 2021

Arrugas

Paco Roca, Arrugas (Rides, 2007)
Premio Nacional del Cómic 2008

La edición de Arrugas disponible para los clubes de lectura incluye, entre los contenidos que acompañan a la novela gráfica, un detallado análisis de la obra. Juan Manuel Díaz de Guereñu la aborda desde varios aspectos: estructura temporal y narrativa, recursos estilísticos (dibujo, uso del color, composición de las páginas), caracterización y rol de los personajes, fragmentos de entrevistas con el autor.

 
Por tanto, esta entrada intenta aportar información complementaria a la crítica técnica, para acompañar la lectura y la reflexión personal sobre un relato que marcó un hito en la historia del medio a nivel nacional. Publicada originalmente en Francia -aunque pocos meses después la editó Astiberri para nuestro mercado-, fue quizá su primer gran éxito entre el público generalista en España.
En 2011 había vendido más de 30.000 ejemplares; en 2013, cinco años después de su aparición, superaba los 50.000... y sigue viva en su 15ª edición (casi 78.600, con los datos más recientes facilitados por la editorial). Es posible leerla en euskera, catalán y gallego, además de en Portugal, Italia, Alemania, Países Bajos, Finlandia, Estados Unidos, Japón y Corea del Sur.
Arrugas permitió descubrir a muchas personas el potencial, incluso educativo, de la novela gráfica para contar con eficacia historias sobre temas importantes y emocionar usando recursos más allá de las palabras. Es innegable que Paco Roca, que en alguna ocasión ha declarado que escribe para quienes no son lectores habituales de cómic, ha conseguido acercarse a este público.
Para mí, la memoria es la forma de comprender mi identidad, de conocerme mejor a mí mismo. De dónde vengo como dibujante, qué parte de lo soy es por la educación que me han dado mis padres [...] Dicen que el artista busca en el arte comprender el mundo. Yo busco en la memoria comprenderme a mí.
Entrevista en Hablemos de cómics (2020)
La obra a comentar inaugura lo que se empieza a conocer como la trilogía de la memoria, a la que también pertenecen La casa (2015) y Regreso al Edén (2020). Desde distintas situaciones, nos hablan de la identidad, la separación o pertenencia al grupo familiar y al colectivo social, el pasado como referencia vital ineludible y en ocasiones refugio, el envejecimiento y la comunicación interpersonal.
Gran parte de la amplia producción de Paco Roca podría etiquetarse de costumbrista, pero creo que es mucho más interesante fijarse en cómo reelabora las vivencias e inquietudes personales -las que le impulsan a contar historias- para transformarlas en relatos que, con una estructura meditada y un sabio manejo de los recursos narrativos, van más allá de lo biográfico.
La calidad y capacidad de sugerencia de Arrugas invita a una reflexión igualmente interesante. ¿Es representativa la residencia que retrata esta novela gráfica? ¿Hay otros modelos más positivos para sus residentes? ¿Cuál es el elemento que más influye en la calidad de vida de las personas mayores que viven en instituciones? Estoy convencido de que buena parte de la diferencia -escapar de la monotonía y la sensación de soledad- está en seguir contando con el apoyo de la familia y las personas más cercanas, elemento que también está presente en el relato. Una visión en este sentido nos la dan, por ejemplo, Cristina Cerezales en Música blanca, ya leída, o Las manos de mi madre, de Karmele Jaio (también disponible en los lotes para los clubes de lectura).

En la plataforma eFilm podéis acceder, de manera gratuita y legal, a la adaptación cinematográfica de la obra; realizada en 2011, contó con la participación de Roca como coguionista. ¿En qué se asemeja y cuáles son las diferencias entre ambas versiones? ¿Cuáles pueden ser las razones para los pequeños cambios que propone la película de animación? ¿Consigue emocionar de la misma forma?


Otras novelas gráficas han seguido explorando en los últimos años el envejecimiento y sus consecuencias personales y sociales. Os propongo cinco de ellas, por si os interesa continuar leyendo:

  • Antonio Altarriba y Kim,  El arte de volar (2009) / El ala rota (2016)
  • Joyce Farmer, Un adiós especial (2010)
  • Roz Chast, ¿Podemos hablar de algo más agradable? (2014)
  • Ana Penyas, Estamos todas bien (2017)
  • Zidrou y Aimée de Jongh, La obsolescencia programada de nuestros sentimientos (2018)

martes, 19 de enero de 2021

Catedral

Raymond Carver, Catedral (Cathedral, 1983)

La biografía de este poeta y narrador norteamericano, tan accidentada como la de otros autores de su generación, se refleja en los doce cuentos incluidos en Catedral: nacido y criado en pueblos pequeños, con un padre alcohólico, tuvo una infancia y adolescencia difíciles, se casó con su novia embarazada a los dieciséis años, enlazó empleos precarios, fue hospitalizado por su propia dependencia de la bebida, se divorció y solo encontró la estabilidad en la última década de vida, con un nuevo matrimonio y una exitosa carrera literaria.

TPR. Mi madre trabajaba como vendedora o camarera, cuando no se quedaba en casa ocupándose de las tareas del hogar, dado que nunca le duraban mucho los empleos. (...) En el armarito de debajo del lavabo tenia un frasco de remedio milagroso "para los nervios" del que tomaba un par de cucharadas todas las mañanas. El remedio para los nervios de mi padre era el whisky. (...) El hogar era una casita de dos habitaciones. Cuando yo era niño nos mudábamos a menudo, pero siempre a otra casita de dos habitaciones. La primera casa en la que recuerdo haber vivido, cerca del parque de atracciones de Yakima, tenia letrina exterior. Le hablo de finales de los años cuarenta. Yo debía de tener ocho o diez años. Iba a la parada del autobús a esperar a que mi padre volviera del trabajo. Normalmente era puntual como un reloj, pero cada dos semanas aproximadamente no venía en el autobús. Yo me quedaba esperando el siguiente, pero sabía que tampoco vendría en él. Cuando esto pasaba, quería decir que se había ido a beber con sus amigos del aserradero. Todavía recuerdo la sensación de fatalidad y desesperanza que flotaba en el ambiente cuando nos sentábamos a cenar mi madre, mi hermano pequeño y yo. 
QUIM. Durante mucho tiempo viví complicándome las cosas hasta extremos insospechados, aparte de complicárselas a cualquiera, por mi adicción a la bebida. Ahora, en esta segunda vida, en esta vida post-alcohólica, supongo que conservo cierto pesimismo, pero también tengo una creencia, y un amor por las cosas de este mundo.

Durante muchísimo tiempo, mientras era un alcohólico, yo era una persona sumamente frágil e inestable (...)

Es evidente que mis experiencias con la bebida me ayudaron a escribir algunos relatos relacionados con el alcoholismo. Pero el hecho de haber pasado por ello y haber sido capaz de escribir esos relatos no tiene nada de milagroso. No, de mis experiencias alcohólicas no creo que haya surgido nada que no sea el dolor y la miseria. Y así fue para todas las personas que estuvieron implicadas en mi vida.

Coincidiendo con la publicación del libro que comentamos, que supuso una ruptura con el estilo demostrado en obras anteriores -donde los textos estaban cada vez más despojados de los elementos no esenciales-, el crítico, ensayista y también narrador Bill Buford popularizó en la revista Granta el término realismo sucio, al que desde entonces han quedado unidos los relatos de Carver.

QUIM. Yo, en mi vida, no soy muy dado a la retórica o a la abstracción, ni tampoco en mi escritura o en mi pensamiento, así que solo puedo decir que, cuando me pongo a escribir sobre determinada gente, deseo situar a los personajes en un ambiente tan palpable como sea posible. Ello puede implicar la inclusión de un aparato de televisión, o una mesa o un rotulador que reposa sobre una mesa, pero lo cierto es que si tales objetos van a figurar en el relato no deben permanecer inertes bajo ningún concepto. No me refiero a que deban cobrar una vida propia, sino a que su presencia tenga que dejarse sentir del modo que sea (...) Quiero darles determinado peso, conectarlos con las vidas que acontecen a su alrededor.

Mis obras de ficción encajan presumiblemente dentro de la tradición realista (por oposición al extremo verdaderamente remoto de esta tradición), pero comentarlas tal cual son es algo que me aburre soberanamente. Nadie podría leerse páginas y más páginas que describieran el verdadero modo en que habla la gente, páginas sobre lo que verdaderamente ocurre en sus vidas. De ser así, se pondrían a bostezar, sin duda. Si lees mis relatos con atención, no creo que encuentres a ningún personaje que hable tal como habla la gente en la vida real.

Más allá de lo adecuado de esta etiqueta, y sabiendo que nunca puede englobar todas las características de una obra, resulta pertinente la descripción de José-Carlos Mainer (2012): «fue fundamentalmente un envidiable creador de situaciones, un escritor que reducía al mínimo su presencia en el relato y el despliegue de su prosa: es poderosamente elíptico y, a despecho de un lenguaje casi telegráfico, consigue una poderosa capacidad de eco en el lector. No es mala metáfora lo de "realismo sucio", si pensamos en lo que retrata; tampoco lo es el término de minimalismo (tomado de la crítica de arte para designar las obras que apenas disimulan los elementos no artísticos que la componen) para designar ese realismo de lo precario, esa rendición del arte ante la insolvente objetividad de lo inevitable (...)».

QUIM. He conocido a gente de esta clase durante toda mi vida. En lo esencial, también yo soy uno de esos personajes aturdidos y confusos; provengo de gente así, he trabajado con gente así durante años, y con ellos me he ganado la vida. (...) Las cosas que me han causado una impresión indeleble son las que he visto en las vidas que me han rodeado, las vidas de que he sido testigo, aparte de la mía propia. Y éstas son las vidas de personas que llegaban a sentir verdadero pánico cuando alguien llamaba a su puerta, de día o de noche, o cuando sonaba el teléfono; personas que no sabían cómo iban a pagar el alquiler, o qué hacer si se les estropeaba la nevera. (...) hay gente que no se puede permitir el lujo de llamar a un técnico que les va a cobrar sesenta pavos, así como tampoco van al médico cuando están enfermos, por la sencilla razón de que no tienen seguro, y se les estropea la dentadura porque no pueden pagarse un dentista cuando les hace falta. Esta clase de situaciones a mí no me parecen irreales ni artificiosas. 
TPR: En una reseña del libro anterior [De qué hablamos cuando hablamos de amor], alguien me había llamado escritor «minimalista». El reseñista lo decía como un cumplido, pero no me gustó. La palabra minimalista suena a estrechez de visión y pobreza de ejecución, así que no me gusta.

* * *

Al proponer textos plagados de sugerencias, Carver exige la participación activa del lector, que debe tomar conciencia de los sentimientos surgidos al enfrentarse a sus relatos.
Estas páginas recogen momentos aparentemente banales, pero que están llenos de significación para los protagonistas; cuando nos muestra un hecho para hablarnos (también o en su lugar) de otra cosa, nos está recordando la compleja densidad de la vida.

Todos sus personajes comparten la carencia y la pérdida como experiencias fundamentales y universales. En algunos cuentos, ver lo que les sucede a los demás genera en los protagonistas un cuestionamiento de su propia realidad (Desde donde llamo, La brida). En otros, más optimistas y esperanzados, el encuentro y la comunicación sincera del dolor (Parece una tontería, Fiebre) son la vía para, quizá, encontrar fuerzas con las que construir el futuro.

Es imposible resistirse al tono de peligro indefinido que sobrevuela los textos, levantado a partir de pequeños detalles. En ese ambiente se desenvuelven relaciones de parejas marcadas por la frialdad, la distancia y el silencio, en las que las mujeres parecen anhelar el orden y la sensación de normalidad, mientras que los hombres se muestran mucho más perdidos, desorientados y paralizados, encerrados en sus propios impulsos autodestructivos.

QUIM. El mundo es un lugar amenazador para la mayor parte de los personajes que aparecen en mis relatos, desde luego. Esos personajes acerca de los cuales yo he decidido escribir sienten de hecho la amenaza; yo entiendo que son muchas las personas que consideran este mundo como una amenaza. (...) La amenaza contiene, al menos para mí, posibilidades sumamente interesantes para una exploración narrativa.

En la tertulia comentaremos de forma especial tres relatos: Plumas, Parece una tontería (que podéis comparar con una versión previa) y Catedral, historias llenas de simbolismo, con una perfecta construcción de atmósferas y un certero análisis de las relaciones interpersonales, los mecanismos de la confianza o la soledad. Y, por supuesto, la demostración de la capacidad de Carver para describirnos, en el menor número posible de palabras -sin apenas adjetivos ni adverbios- y con una superficialidad solo aparente, la complejidad interna de sus personajes:

Todas las noches fumaba hierba y me quedaba levantado hasta que me venía el sueño. Mi mujer y yo rara vez nos acostábamos al mismo tiempo. Cuando me dormía, empezaba a soñar. A veces me despertaba con el corazón encogido.

QUIM: entrevista publicada en el número 70-71 de Quimera, de 1988
TPR: entrevista en el número 88 de The Paris Review, de 1983

martes, 15 de diciembre de 2020

Santuario

Edith Wharton, Santuario (Sanctuary, 1903)

1. ¿Por qué la hemos seleccionado?
Parte de la relevancia de Edith Wharton nace de su capacidad para unir realidades distintas, tanto en su vida personal -siempre viajando entre Europa y Estados Unidos- como literaria: Santuario condensa en pocas páginas la influencia de varios géneros -realismo y naturalismosentimentalismo y el melodrama que aparece con el brusco giro final- y sirve de puente entre la novela romántica del siglo XIX y la nueva modernidad del siglo XX.
Gracias a su calidad literaria, ella y Henry James son los principales representantes de la narrativa anglosajana de entresiglos.

2. Estructura y temas
Esta breve novela cuenta con dos partes claramente separadas, en las que destaca el manejo del tiempo: la primera transcurre en apenas tres días y la segunda, cuando han pasado veinte años, en alrededor de una semana.
Las claves del texto se encuentran precisamente en las relaciones entre ellas:
  • Ambas se construyen a partir del pensamiento de Kate, reflejado en estilo indirecto libre. Sin embargo, en la primera parte hay ironía en el retrato de la alta sociedad y una línea de pensamiento algo enrevesada que puede desorientarnos, mientras que la segunda es más ágil, en buena medida porque añade más diálogos. Hay que tener en cuenta que se trata de una de sus primeras obras largas, publicada en 1903, y que aún faltaban años para que escribiese sus obras mejor valoradas: Ethan Frome (1911), Las costumbres nacionales (1913) y La edad de la inocencia (1920).
  • Argumentalmente, presentan paralelismos entre sus elementos:
    • Kate Orme (novia cuando la sra. Peyton es madre) se convierte en Kate Peyton (madre cuando Clemence Verney aparece como novia).
    • En la primera parte, Kate toma una decisión y actúa de forma explícita; al encontrarse con la falta de ética de su novio, aprende que la realidad es más oscura de lo que pensaba. "Al principio, el aspecto de la vida que así se le había revelado le pareció simplemente mezquino y vil, un mundo donde el honor era un pacto de silencio entre cómplices bien adiestrados". En la segunda, elige el silencio; aquí, no aprende nada nuevo, y solo espera que sus esfuerzos en la educación del hijo hayan tenido éxito.
    • Denis y Dick tienen algunos rasgos comunes... o al menos así es como lo ve Kate -y, por tanto, los lectores-.
    • La sra. Peyton y Clemence, pese a la diferencia de edad y situación, cumplen el mismo papel respecto a los protagonistas masculinos.
    • En ambas partes hay una confesión del novio/hijo a Kate, y una futura boda que se utiliza como forma de presión -en la primera bajo la amenaza de la cancelación y en la segunda como promesa-.
Santuario presenta tres grandes temas entrelazados:
  • El retrato de una sociedad basada en las apariencias y que presiona para lograr el éxito a toda costa. Mostrar en casi todas sus novelas de manera tan desfavorable a la clase alta de la costa este de Estados Unidos, a la que Edith Wharton pertenecía, le granjeó varias polémicas.
  • La maternidad, sus compromisos y límites. Hay quien cree ver en la relación de Kate con su hijo Denis un ejemplo del complejo de Yocasta"A veces se estremecía al pensar cómo un poco de amor y una vigilancia de por vida habían servido para desviar terribles propensiones heredadas".
  • Una reflexión ética ante los dos dilemas que se presentan a los varones de la novela, atajos para alcanzar fortuna y fama. "Es sólo que hoy en día resulta muy sencillo que todo el mundo empuje al hombre que se detiene a hablar hasta dejarle atrás. No creo que los arcángeles de Milton hubieran tenido mucho éxito en los negocios".
3. Algunas preguntas para el debate
  • ¿Habéis notado diferencias entre el estilo de las dos partes? ¿Cuál os ha interesado más?
  • ¿Cómo valoráis el papel de las mujeres en la novela? ¿Son los verdaderos personajes activos de la trama? ¿Tienen algo que ver con la vida de su creadora? "Ella se daba cuenta, mientras hablaba, de que se estaba aventurando de nuevo mucho más allá de donde él podía llegar, a través de sensaciones muy complejas y nuevas incluso para sus propias tendencias exploratorias".
  • ¿Os ha resultado creíble el motivo de Kate para casarse con un hombre al que ha descubierto que no ama? ¿Y el cambio de actitud de Denis, aunque sus razones sean moralmente correctas?
  • ¿De qué forma calificáis la actitud de Kate como madre? ¿Entregada u obsesiva? ¿Preocupada por el bien o dominante?
  • ¿Qué estaríais dispuestas a tolerar a un ser querido? ¿Cambiaría vuestra relación con él sise comportase contraviniendo de forma grave vuestros principios éticos??